III Jornadas "Peirce en Argentina"

III JORNADAS
“PEIRCE EN ARGENTINA”
(Buenos Aires, 11-12 septiembre 2008)
El Grupo de Estudios Peirceanos en Argentina y el Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli” de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, invitan a participar en las II Jornadas “Peirce en Argentina” que se realizarán en Buenos Aires los días 11 y 12 de septiembre de 2008.
Las Jornadas están orientadas a propiciar el intercambio filosófico y científico entre investigadores, docentes y estudiantes de grado y postgrado que realizan trabajos de investigación sobre el pensamiento de Charles S. Peirce (1839-1914) y a posibilitar su difusión.
LUGAR DE REALIZACIÓN DE LAS JORNADAS: Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, Av. Alvear 1711, 3er piso, Buenos Aires. Horario: de 13.00 a 20.30.
AREAS TEMÁTICAS: 1. Matemática; 2. Fenomenología; 3. Estética; 4. Ética; 5. Lógica y Semiótica; 6. Metafísica general u Ontología; 7. Teología; 8. Cosmología; 9. Ciencias físicas y 10. Ciencias psíquicas.
NORMAS PARA LA PRESENTACIÓN DE LOS TRABAJOS:
Resúmenes: 1. El texto deberá tener un mínimo de 200 palabras y un máximo de 250. 2. Se especificará claramente el problema que se investiga, los objetivos, la metodología empleada, los resultados y las conclusiones parciales o finales. 3. Al pie del resumen se consignarán de 3 a 5 palabras claves.

Ponencias: Los trabajos no excederán las 4.500 palabras incluyendo las notas y la bibliografía. (El tiempo de exposición oral será de 20 minutos de exposición y 10 minutos para el diálogo).
FECHA LÍMITE PARA LA PRESENTACIÓN DE LOS TRABAJOS: Los resúmenes habrán de enviarse por correo electrónico antes del día 30 de mayo del 2008 para su evaluación por el comité científico. Se comunicará el resultado el día 1 de julio. El texto completo de la ponencia habrá de enviarse por correo electrónico antes del día 15 de agosto del 2008.
PUBLICACIÓN DE LAS PONENCIAS: Las ponencias aprobadas por el Comité Científico serán publicadas en un volumen que se entregará a los inscritos en las Jornadas en el primer día y a los pocos días se instalarán en la web del Grupo de Estudios Peirceanos de la Universidad de Navarra: http://www.unav.es/gep/ Las ponencias presentadas en las dos Jornadas precedentes “Peirce en Argentina” están accesibles en la dirección http://www.unav.es/gep/JornadasPeirceArgentina.html
COMITÉ EJECUTIVO:
Catalina Hynes (Universidad Nacional de Tucumán)
Javier Legris (Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli”, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)
Hedy Boero (Universidad del Norte de Santo Tomás de Aquino)
Marinés Bayas (Universidad Católica Argentina)
Jaime Nubiola (Universidad de Navarra)
COMITÉ CIENTÍFICO:
Ignacio Angelelli (University of Texas at Austin)
Sara Barrena (Universidad de Navarra)
Javier Legris (Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli”, CONICET)
Rosa María Mayorga (Virginia Tech)
Jaime Nubiola (Universidad de Navarra)
Evelyn Vargas (Universidad Nacional de La Plata)
Marisa Velasco (Universidad Nacional de Córdoba)
Roberto J. Walton (Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli”, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires)
Gabriel Zanotti (Fundación Hayek)
INFORMES, INSCRIPCIÓN Y RECEPCIÓN DE RESÚMENES Y PONENCIAS
GRUPO DE ESTUDIOS PEIRCEANOS EN ARGENTINA
gepargentina@gmail.com

Hans Kelsen: “Esencia y valor de la Democracia”

“Esencia y valor de la Democracia”
Hans Kelsen

[…]

La democracia moderna descansa, puede decirse, sobre los partidos políticos, cuya significación crece con el fortalecimiento progresivo del principio democrático. Dada esta realidad, son explicables las tendencias -si bien hasta ahora no muy vigorosas- a insertar los partidos políticos en la Constitución, conformándolos jurídicamente con lo que de hecho son ya hace tiempo: órganos para la formación de la voluntad estatal. Esto constituiría solamente un fenómeno parcial de aquel proceso que se ha denominado de “racionalízación del poder”, y que va aparejado con la democratización del Estado moderno. De todos modos, no son pocos los obstáculos que se oponen a esta racionalización en general y a la consagración de los partidos políticos como órganos constitucionales del Estado en especial. No hace mucho tiempo todavía las legislaciones desconocían oficialmente la existencia de los partidos políticos, adoptando frente a ellos una actitud abiertamente negativa, y aun hoy no se tiene plena conciencia de que la hostilidad de las antiguas monarquías centroeuropeas contra los partidos, y la contraposición esencial establecida por la ideología de la monarquía constitucional, sobre todo entre los partidos políticos y el Estado, no era sino una enemistad mal disimulada contra la democracia. Es patente que el individuo aislado carece por completo de existencia política positiva por no poder ejercer ninguna influencia efectiva en la formación de la voluntad del Estado, y que, por consiguiente, la democracia sólo es posible cuando los individuos, a fin de lograr una actuación sobre la voluntad colectiva, se reúnen en organizaciones definidas por diversos fines políticos; de tal manera que entre el individuo y el Estado se interpongan aquellas colectividades que agrupan en forma de partidos políticos las voluntades políticas coincidentes de los individuos. Así no puede dudarse que el descrédito de los partidos políticos por parte de la teoría y la doctrina del derecho político de la monarquía constitucional encubría un ataque contra la realización de la democracia. Sólo por ofuscación o dolo puede sostenerse la posibilidad de la democracia sin partidos políticos. La democracia, necesaria e inevitablemente, requiere un Estado de partidos.

Ésta es la mera comprobación de una realidad que, estando demostrada por el desarrollo de todas las democracias históricas, refuta una tesis, todavía muy extendida, según la cual la naturaleza de los partidos políticos es incompatible con la naturaleza del Estado, y éste, con arreglo a ella, no puede alzarse sobre grupos sociales, como son los partidos políticos. La realidad política demuestra lo contrario. Lo que se pretende denominar “naturaleza” o “esencia” del Estado es, en verdad, con gran frecuencia un determinado ideal, y en este caso, un ideal antidemocrático.

[…]

La actitud adversa a la constitución de los partidos, y hostil, en el fondo, a la democracia, sirve, consciente o inconscientemente, a fuerzas políticas que tienden a la hegemonía de un solo grupo de intereses, que en la misma medida en que se niega a tomar en cuenta otro interés ajeno, procura disfrazarse ideológicamente como interés colectivo «orgánico», «verdadero» y «comprensivo». Toda vez que la democracia como Estado de partidos insiste en deducir la voluntad colectiva de la voluntad de los partidos, puede prescindir de la ficción de una voluntad colectiva «orgánica» y «suprapartidista». Un avance incontable conduce en todas las democracias a la división del pueblo en partidos políticos, o, mejor dicho, ya que preliminarmente no existía el «pueblo» como potencia política, el desarrollo democrático induce a la masa de individuos aislados a organizarse en partidos políticos, y con ello despierta originariamente las fuerzas sociales que con alguna razón pueden designarse con el nombre de «pueblo». Si las Constituciones de las repúblicas democráticas – que en éste como en tantos puntos se hallan todavía bajo el influjo de la ideología de las monarquías constitucionales – niegan el reconocimiento jurídico a los partidos políticos, no es desde luego con la intención que perseguían aquéllas, o sea la obstrucción a la democracia, sino por ceguera ante la realidad.

La inserción constitucional de los partidos políticos crea también la posibilidad de democratizar la formación de la voluntad colectiva dentro de su esfera. Esto es tanto más necesario cuanto que puede suponerse que es precisamente la estructura amorfa de este ámbito lo que da lugar al carácter señaladamente aristocrático-autocrático que tienen los procesos deformación de la voluntad colectiva dentro del mismo, aun en partidos de programa radicalmente democrático. La realidad de la vida del partido, en la que los personajes destacados pueden influir mucho más intensamente de lo que podrían hacerlo dentro de los límites de una Constitución democrática, de aquella actividad en que todavía alienta la llamada “disciplina del partido” – cuando en las relaciones entre los partidos, esto es, en la esfera parlamentaria de la formación de la voluntad no existe en modo alguno una disciplina análoga del Estado -, asigna, por regla general, al individuo un –campo muy exiguo de autodeterminación democrática.

[…]

La existencia de la democracia moderna depende de la cuestión de si el Parlamento es un instrumento útil para resolver las necesidades sociales de nuestra era. Aunque la democracia y el parlamentarismo no son idénticos, no cabe dudar en serio – puesto que la democracia directa no es posible en el Estado moderno – que el parlamentarismo es la única forma real en que puede plasmar la idea de la democracia dentro de la realidad social presente. Por ello, el fallo sobre el
parlamentarismo es, a la vez, el fallo sobre la democracia.

La llamada crisis del parlamentarismo ha sido suscitada, en gran parte, por una crítica que interpreta equivocadamente la esencia de esta forma política y que, por consiguiente, no comprende bien su valor. Pero ¿cuál es la esencia del parlamentarismo ? ¿Cuál es la esencia objetiva que no debe confundirse con la interpretación subjetiva que, por motivos conscientes o inconscientes, tratan de dar los partícipes o interesados en esta institución? El parlamentarismo significa:

“Formación de la voluntad decisiva del Estado mediante un órgano colegiado elegido por el pueblo en virtud de un derecho de sufragio general e igual, o sea democrático, obrando a base del principio de la mayoría.”

Una vez reconocido que la idea de la legalidad, no obstante conducir a restricciones de la democracia, debe ser mantenida para la realización de ésta, se hace necesario instar para ella todas las instituciones de control que puedan asegurar la legalidad de la función ejecutiva y que sólo pueden ser consideradas como incompatibles con la democracia por una demagogia miope. La primera de ellas es la jurisdicción contencioso administrativa, cuya competencia debe extenderse en el mismo grado y medida en que los actos administrativos sean accesibles a influencias ejercidas por el partidismo político. No sólo los actos administrativos individuales son susceptibles y necesitan de un control judicial, sino también las normas generales de los reglamentos, y especialmente las leyes, sin otra diferencia sino que el control de los primeros se refiere a su legalidad, y el de las segundas, a su constitucionalidad. Este control incumbe a la jurisdicción constitucional, cuya función es tanto más importante para la democracia cuanto que el mantenimiento de la Constitución dentro del proceso legislativo representa un interés eminente para la minoría, para cuya protección se han ideado los preceptos sobre quórum, mayoría cualificada, etc. Por esto si la minoría debe tener asegurada su existencia y eficacia políticas, tan valiosas para la esencia de la democracia, si no ha de estar expuesta a la arbitrariedad de la mayoría y si la Constitución no ha de ser una lex imperfecta, o sin sanción, debe concederse a aquélla la posibilidad de apelar directa o indirectamente a un tribunal constitucional.

Sorprende que precisamente sea el ideal socialista aquel cuya realización exija la renuncia a los métodos de la democracia, puesto que el socialismo desde Marx y Engels parte del supuesto fundamental, no sólo para su teoría política, sino también económica, de que el proletariado explotado y empobrecido constituye la inmensa mayoría de la población, y que este proletariado sólo necesita adquirir conciencia de su situación de clase para organizarse en el partido socialista y entablar la lucha de clases contra una minoría exigua. El socialismo, pues, había de reclamar la democracia, por creerse seguro de un gobierno cuya posesión le garantizaba la mayoría. Pero ya el surgimiento de democracias burguesas en la primera mitad del siglo XIX, y, más todavía, su consolidación, así como los progresos posteriores del desenvolvimiento democrático, desmintieron las esperanzas del socialismo. ¿Por qué no se convierte la democracia meramente política en otra también económica, es decir, por qué gobierna un grupo burgués-capitalista y no proletario-comunista, si el proletariado, formado en la mentalidad socialista, reúne la mayoría, y el sufragio de la mayoría le asegura el predominio en el Parlamento? Naturalmente esta pregunta sólo se refiere a los casos en que impera la genuina democracia y está asegurada la generalidad e igualdad de los derechos políticos, como ocurre en las grandes democracias de la Europa occidental y América. De seguro no bastan para dar respuesta ni las impurezas de los sistemas electorales, ni la división en circunscripciones, ni los obstáculos para el ejercicio del sufragio opuestos a ciertas categorías de electores, etc., como tampoco el influjo poderoso de la Prensa capitalista. Si la democracia civil se detiene en el estadio de la mera igualdad política, sin que ésta conduzca a una «igualdad » económica, la razón de ello está – como demuestra la experiencia de las revoluciones más recientes, especialmente la rusa – en que el proletariado interesado en la igualdad económica y la consiguiente estatizacíón o socialización de la producción, en contra de lo que afirma el socialismo desde hace varios decenios, lejos de constituir, al menos hasta ahora, la inmensa mayoría del pueblo, sólo forma una débil minoría. Éste es el motivo para el cambio de principios en el método político aceptado por una parte del socialismo, al reemplazar la democracia, que Marx y Engels consideraban todavía compatible con la dictadura del proletariado, por la forma propiamente dictatorial: por una dictadura que se presenta como absolutismo de un dogma político y de un régimen partidista personificador de aquel dogma. Así ocurre que la extrema izquierda del partido proletario abandona el ideal democrático creyendo que el proletariado no puede conquistar el poder dentro de esta forma, al menos en plazo previsible, mientras que la extrema derecha de los partidos burgueses hace lo mismo, pensando que la burguesía no podrá defender el poder político, siquiera por mucho tiempo, dentro de la democracia.

En el oscuro horizonte de nuestro tiempo, asoma el rojo resplandor de un astro nuevo: la dictadura de partido, dictadura socialista del proletariado, o dictadura nacionalista de la burguesía; tales son las dos nuevas formas de la autocracia.

Traducción y preparación: Rafael Luengo Tapia y Luis Legaz y Lacambra.
Ediciones Guadarrama, 1977.

Seminario Libre "Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea"

Tenemos el agrado de invitarlos a participar del Seminario Libre “Debates Actuales de la Teoría Poítica Contemporánea”. En este seminario se abordarán las problemáticas contemporáneas de la política desde la producción reciente de autores como Slavoj Zizek, Jaques Derrida, Alain Badiou y Ernesto Laclau.

Blog del Seminario
http://teoriapoliticacontemporanea.blogspot.com/

Información del Seminario en PDF
http://ar.geocities.com/rickyesteves/diptico.pdf


La convocatoria es para los viernes de 19 a 21 hs.

Reuniones de Grupo Miércoles de 19 a 21 hs. Pasillo 2º piso.

Primer Encuentro 29 de Agosto


Lugar de Encuentro: AULA 209


Facultad de Ciencias Sociales (UBA) Parque Centenario. Ramos Mejía 841 y Franklin 54 (1405) Buenos Aires.

Consultas e Información: Lic. Ricardo Esteves: rickyesteves@yahoo.com

Muchas Gracias y Saludos Cordiales,

Lic. Ricardo Esteves

Alain Rouquié en la Alianza Francesa de Buenos Aires

Espacio Agón: Blog de Filosofía Política

Espacio Agón:
Blog de Filosofía Política

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Desde este blog, queremos agradecer a las más de 40.000 visitas que tuvimos hasta la fecha, al interés de los lectores de los más de 150 posts que llevamos publicados, a los comentarios que nos dejan y los mails que nos han enviado en este tiempo, los trabajos que prestaron para ser publicados, los textos que subieron a la biblioteca virtual, y a los sitios que nos han enlazado con tanta amabilidad.

Desde el comienzo, Espacio Agón surgió como un blog de Filosofía Política, Ciencias Sociales y Humanidades que pretendía ser útil para la búsqueda de recursos bibliográficos y, al mismo tiempo, promover la participación de estudiantes y docentes para forjar un espacio dialógico edificante.

Con ese fin, hemos publicado en los dos años que pasaron desde su apertura, entrevistas a los principales pensadores en torno a la filosofía política, las ciencias sociales y las humanidades: Richard Rorty, Hans-Georg Gadamer, Georg Lukacs, Giorgio Agamben, Karl-Otto Apel, Axel Honneth, Norberto Bobbio, Hannah Arendt; asimismo, hemos subido textos originales de Hannah Arendt, Immanuel Kant, Richard Rorty, Jürgen Habermas, John Dewey, y otros; cada vez que se presenta la ocasión, difundimos convocatorias a jornadas, seminarios, congresos, charlas, talleres; del mismo modo, hemos publicado los trabajos que recibimos por mail.

Hoy, el blog cuenta con una Biblioteca Virtual propia con libros y artículos originales digitalizados y listos para descargar; con una lista de vínculos que se actualiza permanentemente, manteniendo a los usuarios en contacto con las carreras afines, los institutos, las bibliotecas (reales y virtuales), revistas especializadas, webs con textos originales de autores fundamentales, y en general con sitios con recursos disponibles para todos; un sector de vínculos relacionados especialmente con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la Carrera de Ciencia Política y sus alumnos; una sección de noticias políticas; diccionarios y traductores; servicio de suscripción por RSS.

Asimismo, todas los seminarios, conferencias, congresos y jornadas de relevancia siempre son informados a los visitantes a través de nuestra agenda académica.

Una vez más, gracias por sus visitas y contribuciones para generar un espacio que sea útil para todos los que se sientan convocados por la filosofía política, las ciencias sociales y las humanidades en la Argentina y en el mundo.
F. B.

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Entrevista a Norberto Bobbio: "Cada vez sabemos menos"

“Cada vez sabemos menos”
Norberto Bobbio

El filósofo italiano Norberto Bobbio (Turín, 1909), uno de los grandes pensadores de este siglo, sigue defendiendo el individualismo frente al Estado. A sus noventa años hace un repaso por este siglo que, en su opinión, se ha caracterizado por la violencia. Sin embargo, para el pensador italiano, la constitución de los tribunales por crímenes de guerra ha sido un enorme paso para la protección del individuo, pero de un modo totalmente independiente del Estado al que pertenezca. Bobbio se define como militante de la razón y afirma que, pese a que el hombre moderno ha asimilado millones de hechos de los que los antiguos no tenían conocimiento, el mundo de hoy nos resulta cada vez más incomprensible, menos transparente.
OTTO KALLSCHEUER
Señor Bobbio: ¿me permite leerle un diagnóstico sobre la crisis espiritual de estos momentos? Dice: la crisis actual “reside en la dispersión de una realidad dolorosa en miles de realidades indiferentes, lo cual explica la apatía moral, el abandono a la corriente de la sociedad y de las cosas; reside en la ruptura de una única voluntad propia en miles de arbitrariedades, en el oscurecimiento de la claridad interior, en cuyo lugar amenaza de nuevo el mito”.

¡Dios mío! ¡Qué estilo más ampuloso!

Este texto fue escrito por usted en 1943 como crítica a la jerga de la antonomasia en Heidegger y Jaspers. Al final abogaba usted por un “nuevo personalismo” como alternativa al existencialismo “apolítico”.

Bueno, entonces, cuando ya había comenzado la lucha de liberación antifascista, el tema de los humanos se presentaba dramáticamente a favor del orden neofascista. La situación actual es completamente distinta, aunque exista un peligro de que vuelva a plantearse. El final de nuestro siglo, un siglo en cuya primera mitad hemos vivido tanta violencia, guerra y destrucción, indica un nuevo giro hacia la violencia desde el final de la guerra fría, y no sólo en conflictos internacionales. También, dentro de nuestras sociedades, asistimos a un aumento insospechado de la violencia.

¿Qué opina de los análisis que entienden el aumento de la criminalidad y la intolerancia como el resultado del individualismo en avance permanente? La disolución de los lazos tradicionales destruye el “sentido comunitario” y la confianza social interna…

No, en contra de los comunitaristas, me mantengo en la interpretación individualista según la cual la democracia liberal se apoya en la prevalencia del individuo. El único avance real que puedo observar en todo este siglo, el reconocimiento universal de los derechos humanos, se refiere a los derechos del individuo, no como parte de esta o aquella sociedad o ciudadano de aquel u otro Estado.

¿Y qué dice usted respecto a la demanda de derechos culturales o religiosos para determinadas sociedades?

Es que pertenecemos simultáneamente a comunidades totalmente distintas. A veces, la comunidad religiosa y la étnica coinciden, pero a menudo esto no ocurre así, y uno pertenece a una comunidad religiosa que no coincide con la religión de su pueblo, o al contrario. Y se vuelve a hablar de la defensa de los derechos de los pueblos. Pero ¿existe un pueblo como tal cuya existencia frente a los individuos sea prioritaria? El pueblo es una abstracción a la que sólo se puede enfrentar el individuo como ente individual. El núcleo de las convicciones, esperanzas e ideales comunes que acertadamente se han dado en denominar religión de los ciudadanos o “religión civil de la humanidad” radica en que finalmente se reconocerá al individuo como tal portador de los derechos fundamentales.

He desarrollado mis conceptos en los años treinta y cuarenta. En aquella época, por un lado estaba la persona, el individuo, y en el otro, la masa, o como se decía: el Estado de masas, lo statomassa. Y sé exactamente de qué se trata; sólo tengo que pensar en la situación que se producía cuando participábamos en las multitudinarias marchas de masas. Por ejemplo, la de Roma, cuando el Ducce [Mussolini] se dirigió a la masa desde el balcón del Palazzo Venezia. La masa impetuosa que le aclamaba gritando “¡sí!” o “¡no, nunca!”, ¡eso era la masa! ¿Qué hubiera ocurrido si uno sólo se hubiera atrevido a contradecir a la masa? No hubiera podido siquiera hacer oír su voz. El valor que hace frente al Estado, que quiere serlo todo, es el individuo. Y el derecho irrenunciable del individuo frente a cualquier tipo de multitud, masa o comunidad pertenece, desde el final del fascismo, a mis categorías éticas y políticas fundamentales.

En su libro La edad de los derechos humanos hace suyo el pensamiento de un jus cosmopoliticum, el derecho cosmopolita de Kant.

Exacto. Con la constitución de los tribunales por crímenes de guerra, los derechos humanos son reconocidos por primera vez en la historia en el sentido de jus causae: como derecho para la apertura de un proceso, para la protección de un individuo, pero de modo totalmente independiente del Estado al que pertenezca. Así pues, por primera vez, estos derechos se consideran derechos de vigencia universal, por lo que incluso prevalecen ante el Estado. Ésta es, con certeza, sólo una posible tendencia de evolución de las relaciones jurídicas internacionales; no obstante, veo en ella el único avance posible.

Usted ha destacado repetidas veces el nuevo hecho histórico: el que, por primera vez desde hace dos o tres siglos, todas las confesiones cristianas están de acuerdo con el pensamiento laico en lo relativo a derechos humanos. Incluso la Iglesia católica.

El Papa Juan Pablo II ha invocado la libertad de religión en su viaje a la India en el mes de noviembre como derecho básico de todas las personas, sin importar el territorio en el que vivan o el Estado al que pertenezcan. En este sentido, se puede denominar a los derechos humanos como la religión de los ciudadanos de la humanidad.

Naturalmente, esta nueva coincidencia entre el personalismo universal y el cristiano sólo llega a un determinado punto. Sólo recuerdo la cuestión del aborto.

Incluso cuando los derechos humanos se aceptan por la jerarquía eclesiástica después de un largo periodo histórico de desconfianza eclesiástica persiste una diferencia en cuanto a prioridades: para el pensamiento de la Ilustración, sin duda el primero de los derechos humanos era la libertad…

… Según Kant, en primer lugar, la libertad “de hacer uso público de su razón en todo momento”.

… Mientras que, sin duda, para la jerarquía cristiana, en primer lugar se encuentra la defensa de la vida, “regalo de Dios”, y ello también se refiere a la vida no nacida.

En una polémica en Alemania alrededor del filósofo Peter Sloterdijk, que quería provocar tanto al humanismo ilustrado como el pensamiento católico del derecho natural con el tema de las futuras “antropotécnicas” genéticas, la izquierda ilustrada se encontró también del lado del cristianismo en un enfrentamiento contra ideas neoheidnischianas de la experimentación humana. ¿La tradición monoteísta pertenece al código genético de la Ilustración?

¿Podemos avanzar hasta el punto de transformar completamente al hombre, clonar a los hombres del futuro o programarlos? Se trata de un tema antiquísimo de utopía. Ya en el Estado del Sol, de Tommaso Campanella, se establece con precisión cuándo se pueden aparear hombres y mujeres, y quién se puede aparear con quién, según las peculiaridades del organismo de cada uno.

¿Existe, pues, un concepto de la norma humana autoimpuesta en la religión civil de la Ilustración? El Papa Juan Pablo II ha afirmado que el nihilismo antihumano está anclado en el “drama de la separación entre creencia y razón” de la edad moderna.

Si me pregunta por criterios en razón de los cuales podamos decidir en qué punto tenemos que parar la investigación científica y cuándo debemos continuar, no tengo ninguna respuesta. En lo que se refiere a la encíclica Fides et ratio , el Papa se muestra preocupado por las filosofías del racionalismo, pero curiosamente no le inquieta el verdadero oponente, ¡el avance tecnológico! Si hemos de preocuparnos por el futuro de la humanidad debemos ocuparnos del conocimiento científico, no de las filosofías. Éstas son absolutamente irrelevantes. El que aquí se defienda una “débil corriente de pensamiento” de acuerdo con Heidegger o allí otra con tendencias nietzscheanas, no me preocupa. Siempre han existido esas disputas filosóficas; sólo tiene usted que recordar la gran lucha entre empiristas y racionalistas. ¡Lo que hoy pudiera representar un peligro para la humanidad es la evolución científica y tecnológica! En primer lugar, ya hace tiempo que ha superado todos los límites, su velocidad no tiene freno. En segundo lugar, es imparable. Ya no hay columnas de Hércules más allá de las cuales tuvo que naufragar la curiosa Odisea. Y en tercer lugar, el avance científico-tecnológico es irreversible. No hay marcha atrás: ¡una vez que se ha inventado la bomba atómica, no se puede ignorar este invento! ¡Una vez que se ha descubierto el código genético del hombre, ya no se puede echar marcha atrás en el conocimiento! ¡Y todo ello da miedo! ¿Qué puede decir la Iglesia a todas estas innovaciones? La secularización de nuestra imagen universal descansa sobre la evolución científica. La Ilustración irreversible no comienza con Kant, sino con Galileo, y no tiene nada que ver con la filosofía o con la teología, sino con la evolución científica. La lucha de Roma con Lutero y Calvino se prolonga durante siglos, pero a Galileo hasta el Papa tuvo que darle la razón.

… Por mucho que últimamente se haya llegado a un compromiso entre católicos y luteranos en lo relacionado con la doctrina de la exculpación.

… Claro: si son las obras, o únicamente la fe, las que proporcionan al hombre la salvación eterna. ¡Cómo es posible que el mundo se rompiera la cabeza durante siglos por la exclusividad de la gracia divina!

Muchos teólogos protestantes bautizaron este compromiso como “rebajas en Roma”.

En tales casos, siempre hay que volver a Voltaire. Cuántas veces ridiculizó estas batallas en las cuales un cristiano quiere que los sacerdotes se vistan de rojo y otro sólo admite sotanas negras. Voltaire, el ilustrado por excelencia, deja claro que la gran mayoría de estas confrontaciones dogmáticas giran en torno a cuestiones sin importancia. Sin embargo, cuando la religión interviene en conflictos políticos y las partes se atienen “al dogma”, el libro sagrado, la publicación divina, aparece de inmediato el problema de la violencia: en Argelia, los fanáticos de la religión asesinan de la manera más repugnante a cientos de personas. Por ese motivo opino que el dicho de las personas religiosas “si no hay Dios, todo está permitido” debería formularse al contrario: sólo si hay Dios, todo está permitido. Si hay Dios, y Dios es todopoderoso, Él lo puede todo, y creo en Él y le obedezco, todo será factible: si hay Dios, ¡a Abraham se le permite matar a su hijo! ¡Cuántos crímenes se han cometido en nombre de Dios a lo largo de la historia de la humanidad: Dios lo quiere!

“Deus lo vult”, gritaban los cruzados…

Ése es el lado opuesto del nihilismo; si Dios existe y yo estoy del lado de Dios, toda crueldad es posible.

Incluso usted, que es un ilustrado reconocido, habla de “una religiosidad sin Dios”.

Yo, que nunca me he sentido más mortal que en este momento -por decirlo así, ya estoy muerto-, siempre he tenido un concepto de mí mismo como militante de la razón, no como hombre de creencia. Pero precisamente como hombre de la razón conozco los límites de ésta, que sólo puede aclararnos una mínima parte de la oscuridad que nos rodea.

La isla de la razón, de Kant, encerrada en un “vasto y tormentoso océano”…

… Una isla rodeada de misterio. Sé que estamos rodeados de misterio. A eso es a lo que yo llamo el sentido religioso del hombre, la sensación de que estamos rodeados por un misterio impenetrable. Hoy día tenemos el apoyo de las ciencias para comprender el sistema solar y las galaxias: hemos asimilado miles, millones de hechos de los que los antiguos no tenían conocimiento. No obstante, el mundo nos resulta cada vez más incomprensible, menos transparente. Cuanto más sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia. Toda la historia de la ciencia se compone, al fin y al cabo, de tímidas hipótesis. Por ello hablo del sentido religioso del hombre: de una postura religiosa frente a lo inabarcable, lo indescifrable, de lo infinito. Aunque no sea posible transformar este sentido en una doctrina, un catecismo, un sistema.

El problema no radica en las hipótesis que, como dice Popper, se pueden “dejar morir”. Otra cosa es cuando se ha llegado a la fisión nuclear, a la “antropotécnica”. El sentido religioso del misterio del que usted habla, ¿no podría constituir la inhibición necesaria al avance tecnológico?

No, dudo de que el remedio se halle imprescindiblemente en la fe religiosa. Al fin y al cabo, no existe una sola religión, sino cientos de ellas, y hoy día el fanatismo interreligioso, el terrorismo contra los seguidores de otras corrientes religiosas, vuelve a tomar dimensiones amenazadoras en todo el mundo. Deje que lea una cita del libro que más me ha impresionado este año pasado, Errata en el balance de la vida, de George Steiners. Dice: “La respuesta a la pregunta que se plantea ante la tortura y linchamiento de un niño malnutrido en Auschwitz: ¿dónde estaba Dios? Dios es este niño”, es un ejemplo más o menos desagradable del pathos antropomórfico. Exigimos un testigo de nuestra pequeña basura, aunque se proceda duramente contra ella. Ante la enfermedad, ante el espanto psíquico o material, cuando nuestros niños aparecen muertos ante nuestros ojos, gritamos. El que esos gritos caigan en el vacío… casi no se puede soportar”.

El Papa puede condenar la guerra, pero no puede sentenciar un terremoto. Sólo un brujo podría hacerlo. ¿Existe alguien que pueda dar respuesta al eterno padecimiento de las epidemias, catástrofes naturales, inundaciones, erupciones de volcanes, etcétera, que no dependen de nosotros? Pero ¿quién responde a un malum passionis, a la mala acción sin resultado que es un malum actionis sin consecuencia?

VIII Congreso Nacional y I Congreso Internacional Sobre Democracia en Rosario

VIII Congreso Nacional
y
I Congreso Internacional Sobre Democracia


Rosario – Santa Fe – Argentina

La Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales invita a participar de la presentación de trabajos para el VIII Congreso Nacional y I Congreso Internacional Sobre Democracia: “Desafíos y oportunidades para la democracia Latinoamericana del siglo XXI”, que se llevará a cabo del 1 al 4 de septiembre.
Formato para la presentación de trabajos
1 – Ponencias libres
2 – Ponencias de estudiantes de grado

Las mismas deberán estar comprendidas dentro de algunos de los siguientes ejes temáticos:

ADMINISTRACION Y POLITICAS PÚBLICAS
GENERO
POLITICAS SOCIALES
TEORIA E HISTORIA POLITICA
DESARROLLO LOCAL
POLITICA COMPARADA
INSTITUCIONES POLITICAS
TEORIA E HISTORIA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES
POLITICA EXTERIOR
INTEGRACION REGIONAL
COMUNICACIÓN POLITICA
OPINION PÚBLICA
MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Se deberá enviar al 30 de junio el título del trabajo, resumen de no más de 250 palabras y línea temática a la que se inscriben. Por presentación se admitirá un máximo de 2 autores, cuyos datos personales se deberán consignar en el resumen presentado.

Envío de los trabajos Todas las presentaciones se realizarán vía correo electrónico antes de la fecha indicada a la siguiente dirección: gestion@fcpolit.unr.edu.ar. En el asunto se debe indicar VIII Congreso Nacional sobre Democracia.

Organizan: Universidad Nacional de Rosario – Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales – Secretaría de Asuntos Académicos del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales

Informes: Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Riobamba 250 Bis Monoblock 1(2000) Rosario – Argentina. Tel: 0341-4808521 interno 135 – Fax: 0341-4808521 interno 124 – mail: gestion@fcpolit.unr.edu.ar